
El año pasado escribí una nota que se llamaba “Faltan Lugares”, en la misma hacía referencia a la falta de espacios que existen en la ciudad para que bandas de heavy o rock puedan mostrar su música.
Hoy en día, resulta que ni siquiera las bandas de jazz o funk encuentran un lugar para tocar. Los bares o locales bailables, siempre en su posición de querer ganar dinero a toda costa, no son capaces de pagarles a los músicos que viven de esto. O muchas veces sucede que les pagan una miseria, $200 para dividirlos entre cuatro.
Y acá vemos las consecuencias. Cada vez son más los grupos que deciden migrar hacia a las ciudades vecinas de Allen, Cipolletti, Neuquén, Huergo, etc. Seguramente, en esos lugares se les paga a las bandas por lo que hacen y los dueños de los locales no usan a los músicos como un simple elemento para enriquecer sus bares.
En esta ciudad, por suerte todavía existe mucha gente que disfruta de ir a escuchar música. Entonces, me parece que los dueños de los bares deberían replantear su posición y no pensar solamente en ellos, sino también en esa gente que no le interesa ir a bailar, pero si ir a ver una buena banda.
